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dimarts, 8 d’agost de 2017

Un tal Giovanni Bertone



Durante casi tres décadas me conté entre los lectores asiduos del añorado Indro Montanelli, maestro de periodistas que apareció en muchísimos diarios de La Vanguardia que ofreció traducciones de artículos suyos en la prensa italiana, en distintos periódicos según la fecha, con una constancia que se prolongó desde mediados de los setenta hasta entrado este siglo, cuando Montanelli falleció, dejando tras de sí un montón de escritos interesantísimos, la mayoría totalmente vigentes.

Montanelli fue lo que podríamos llamar un librepensador ejemplar, un periodista y escritor preocupado por su época que nunca se dejó influenciar por los más poderosos: sus ideas, acertadas o erróneas, aceptables o inaceptables según la forma de pensar de cada lector y cada situación, siempre brillaron por destilar una honradez a prueba de bombas y por hallarse expresadas con un estilo espléndido, incluso traducido.

Ahora lamento no haber guardado sus artículos, pero eso ya es cuestión aparte de la que me trae su recuerdo.

Sabía que Montanelli, además de excelente periodista, había escrito algunos libros de historia (Historia de Roma e Historia de los griegos), pero nunca imaginé que hubiese escrito teatro y novela y menos que un relato suyo, una novela corta, se hubiese llevado al cine, participando Montanelli también como guionista. Cabe decir que ignoraba por completo también que se hubiese aventurado como cineasta, pero no nos alejemos del tema: vengo a referirme a su pieza Il Generale della Rovere que escribió como resultado de su estancia en la cárcel de San Vittore en 1944, de la que se fugó mediante un subterfugio y en cuyos días trabó conocimiento con quien recibía el tratamiento de General De La Rovere, preso en una celda frente a la suya; Montanelli supo más tarde que el personaje fue fusilado en diciembre de 1944 y que, al parecer, los alemanes aseguraban que era un tal Giovanni Bertone.

Montanelli escribió un relato titulado Il General della Rovere en el que contaba su estancia en la cárcel y su trato con el supuesto General de la Rovere y la historia acabó por ser trasladada al cine, encomendada su dirección a Roberto Rossellini y encargándose de confeccionar el guión literario Sergio Amidei y Diego Fabbri junto con el propio Montanelli que, una vez acabada la aventura cinematográfica, procedió a rehacer el relato, advirtiendo en un prefacio que la pieza procede de experiencias auobiográficas y está adornada con ideas propias de Amidei y Fabbri.

Así pues, el relato que nos ha llegado está escrito después de la película, pero puede leerse en cualquier momento, antes o después de verla, porque lo importante no son los hechos que ocurren sino lo que sucede y para averiguarlo hay que ir con calma. El cuento se lee de una tacada, porque Montanelli escribe muy bien y engancha al lector y porque, además, lo que cuenta es una concatenación de incidentes que apresan el ánimo hasta llegar al final, no por vislumbrado menos interesante.

Es una delicia leer la descripción de un personaje tan complejo como el tal Bertone / De la Rovere con una ligereza de estilo que no representa merma para la profundidad de una psicología con doble apariencia ni tampoco para construir una sólida imagen del entorno físico, social y anímico. Sin duda las experiencias vividas por Montanelli en su encarcelamiento y ulterior prisión se traslucen en las descripciones de las acciones de los diferentes personajes y en ello brilla con fuerza el autor sin buscar autocomplacencias vanas ni complicaciones que le permitan, como escritor avezado, explayarse con aderezos y adornos innecesarios al ritmo de la narración. Son singulares los apuntes a la conducta estrictamente militar del Coronel Mueller, siempre intentando evitar muertes inútiles: Montanelli no carga las tintas, lo que hubiese sido más que comprensible: le mantiene en una profesionalidad que hasta llega a manifestar simpatía por el complejo Bertone, lo que, en definitiva, deja en manos de éste la condición de su propio destino, en un desarrollo de ambiguos acontecimientos.


La película, estrenada en 1959 con el título de Il Generale della Rovere, goza de dos pilares más que robustos cuales son un guión magnífico y un elenco de intérpretes encabezado por un genio capaz de alternar vis vodevilesca con la introspección más dramática, así que si no alcanza -en mi particular aprecio- la categoría de obra maestra es porque quizás Rossellini se la tomó, como él mismo manifestó posteriormente, como un encargo sin más valor que el de proveer la despensa y aplicó su sapiencia pero no acabó de prestarle la atención que merecía. Tampoco es que contara con grandes ayudas ni en la fotografía ni en el montaje, pero uno está viendo la película y tiene la sensación que está, cinematográficamente hablando, un poco descuidada en el aspecto visual.

Cierto que se incardina plenamente en la corriente del neorrealismo italiano, con esos negros profundos y esos contrastes poderosos, pero hay encuadres que parecen demasiado estáticos, incluso con un enfoque descuidado, cuando la profundidad de campo en los interiores es un elemento a vigilar. No obstante esas son apreciaciones para delimitar lo que podría haber sido una obra maestra: no faltan detalles enriquecedores de la transformación de ese Bertone de vulgar estafador a supuesto espía al servicio del ocupador; la presentación del personaje, con unos datos relativos a su pasado militar, sus antiguas amistades, sus tratos con lo que podríamos llamar sus "víctimas" y la forma en que se va moviendo, gatunamente en medio de las sombras de una ciudad en ruinas, presto a un cigarrillo gorroneado, sus intentos de pasar gato por liebre, su auténtico orgullo de elegir él mismo a sus engañados, todo, en suma, es relatado con la cámara por Rossellini con detalle y convicción y alcanza, por supuesto, a convencernos de su realidad y consigue que empaticemos con el individuo, aún sin saber, por momentos, a donde irá a para todo. El bribón Bertone, en manos de Rossellini, acabará convertido en víctima de sus propias añagazas y aún así, sentiremos simpatía por él y de ello, parte de culpa tendrá otro.

Porque el que se lleva el gato al agua es Don Vittorio De Sica, el genial hombre del cine italiano, capaz lo mismo de dirigir una comedia que un drama social de profunda actualidad ; realizar interpretaciones histriónicas y aceleradas de perfecto seductor o como en el caso que nos ocupa, sorprender al mundo entero con un personaje dotado de una ambivalencia ética profunda, enigmática, alternando la villanía más egoísta con el orgullo patriótico más arriesgado.




La composición que De Sica hace del complejo Bertoni es bastante para declarar que esta película es de visión obligatoria: con el acompañamiento de un muy sólido Hannes Messemer como Coronel Mueller, Don Vittorio ofrece un verdadero recital de lo que era capaz como actor sin nada que envidiar a nadie: la dualidad del personaje, que arranca como sinvergüenza dedicado a timar a pobres desgraciados, enganchado sin solución al juego, las apuestas locas y las mujeres fáciles, provisto de un don especial para seducir, convencer, captar al instante el ánimo del tercero, en suma, un estafador perfecto, desarrollará una ficción impuesta que lentamente irá asimilando como una verdad y ese tránsito De Sica lo ejecuta con una perfección que está al alcance de muy pocos elegidos, con un dominio del gesto, de la voz y del tempo, en ocasiones fugaz, en ocasiones exasperadamente lento y dramático, que deja al espectador absolutamente enganchado a la pantalla, consiguiendo una empatía que, a priori, el personaje no merecía por su más que discutible ética inicial, que veremos transformarse de voluble a irreducible.

Tengo para mí que De Sica advirtió las enormes virtudes del texto de Montanelli, de un guión que le ofrecía un verdadero bombón para cualquier actor que ame su arte y me atrevería a apostar que, si le hubiesen ofrecido dirigirla e interpretarla, hubiese declinado ocuparse de lo primero para exceler en lo segundo, lo que consigue con una naturalidad pasmosa. Aquí puede verse los premios y nominaciones recibidas por la película y se comprobará que a De Sica apenas se le menciona; incluso en el Festival de Venecia se le concedió el León de Oro a la película, pero el premio de mejor actor lo recibió James Stewart por Anatomia de un asesinato, lo cual sólo puedo entender por intereses comerciales. En todas partes cuecen habas.

Las dos horas que dura el metraje pasan en un suspiro porque la historia de Bertoni bien vale la pena contarla en detalle, aunque algunas partes sean inventadas y otras se ajusten a la realidad con eficacia: los avatares de ese caballero decadente devenido en estafador poco escrupuloso y libertino ocasional, en una sociedad sujeta a los demanes de la guerra, que acabará encarcelado como si fuese un militar de alcurnia no dejarán a nadie impávido y muy al contrario, quien no la haya visto hasta ahora, se preguntará, a buen seguro, cómo se le ha podido escapar semejante pieza, absolutamente imperdible para cualquier cinéfilo que se precie de serlo.







12 comentaris :

  1. Me dejas ojiplática con tu gafapastismo (entiendase en modo cariñoso )
    Desconozco la pelicula y su procedencia. Bueno ahora después de leerte ya no ;)
    Del cine italiano no nos llega mucho, siendo lo que ha sido, al menos yo lo desconozco..salvo las últimas de Sorrentino. Y de la música que a mí siempre me encantó otro tanto. Igual es que no estoy muy al día..pero visto hasta dónde nos tenemos que remontar para encontrar historias interesantes..en fin.
    De cualquier modo, la cuestión es tenerlas al alcance.

    Besos. Milady

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    1. Me alegro, Milady, de haberte descubierto esa joya de un cine a reivindicar, ofrecido raramente en las muchas televisiones que hoy nos atosigan. No me extraña que no la conocieras: la vi hace muchisimo tiempo en la tele y no ha sido sino al recuperarla cuando me di cuenta que Montanelli era el autor de la idea y a pesar de mi empeño, no he podido dar con el cuento original, pero sí con el que reescribió después de la película, que te recomiendo, también, porque te va a encantar.
      Besos.

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  2. La tengo bastante olvidada. Y sí, recuerdo que De Sica está estupendo. Ahora...eso de que le dieran el premio a James Stewart por intereses comerciales. Estamos hablando de James Stewart, lorito. Y en esa peli (que tengo más olvidada aún) tampoco está nada mal. Bueno, hay pocas pelis en las que esté mal.
    Coincido un poco en lo que apuntas del estilo visual de la peli. De hecho, hace dos días revisé una peli que tú has reseñado por aquí (igual luego paso a leer tu crítica)...y aunque es un panfleto, está estupendamente hecha y tiene otra interpretación soberbia de otro actorazo... y también un auténtico cambio en el personaje que interpreta. Me refiero a la de Esta tierra es mía de Renoir con Laugthon.
    Un saludito.
    PD: No tenía ni idea de quién era Indro Montanelli.
    PD2: No recuerdo a qué crítico (o crítica; igual fue a Pauline Kael) decir que esta película era casi una "comedia" por lo ridículo que era encarnar la figura del patriotismo heroico en alguien como el personaje que interpreta De Sica. Disiento totalmente claro... y ahí está la gracia y la clave del tema de la peli.

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    1. Para la época y el caso que nos ocupa, David, me parece una injusticia que en Venecia se le otorgara el premio al mejor actor a James Stewart por encima de la más que soberbia modélica interpretación realizada por Vittorio De Sica, quien lo único que podía haber envidiado de Stewart era el tremendo aparato mercadotécnico de Hollywood, tanto como el potencial de riesgo económico de los productores. Para mí De Sica supera ampliamente a Stewart, menos capacitado para la comedia, por ejemplo, que el genial italiano, pero es que Don Vittorio era un fuera de serie.

      Si te interesa, en la hemeroteca de La Vanguardia digital todavía tienen muchísimos artículos escritos por Montanelli, probablemente uno de los mejores periodistas europeos del pasado siglo, con un amor propio y orgullo que Berlusconi sin duda todavía recuerda en carne viva.

      Tienes razón: el tema de la película es el cómo un rufián un punto canallesco se encuentra en una representación de un personaje y acaba por creérselo al punto de erigirse en héroe. Cabe decir que lo que Montanelli asevera como cierto no es toda la trama, pero ante la duda, elige. Y creo que elige muy bien.

      Un abrazo.

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    2. Todos los premios artísticos son injustos, porque no hay manera de valorar-comparar estas cosas. James Stewart no tenía detras al aparato mercadotécnico de Hollywood. James Stewart era Hollywood, lorito. Si eso influía más o menos en las decisiones del jurado, problema de ellos, no de James o de Vittorio.
      Pero por otra parte, ¿cómo puedes saber tú qué criterios llevaron a darle el premio a uno y no a otro?
      Podría haber sido el hecho de que a lo mejor no querían dárselo a De Sica porque no querían parecer chauvinistas.
      No lo sé...
      Si De Sica es un fuera de serie, James también. Y no doy mi brazo a torcer. Igual es el aparato mercadotécnico de Hollywood, pero James tiene también comedias estupendas, no solo las de Capra, pero ya bastarían esas... Y además podía hacer western, dramas, y lo que le echasen. No veo a uno por encima del otro.

      Eso de Berlusconi lo tengo que mirar ;-)

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    3. Ganó la película de Rosselini. Igual quisieron repartir un poco más el premio...Sin más.
      Y además estaba Max Von Sydow con El rostro. ¿Cómo no se lo dieron a él? ¡Qué injusticia!
      En fin... Lo dicho.

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    4. Y Sordi y Gasmann en otro clásico del cine italiano!!! Que por cierto, ganó tb el León de Oro; es decir...!!dos premios principales a la mejor peli para pelis italianas!!!...qué poco poder el de la maquinaria de Hollywood para que no ganara una yanki.

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    5. Cuando te refieres a chauvinismo, David, ¿lo dices por la cantidad de premios otorgados por Hollywood a los actores de habla no inglesa? Porque yo, que tengo poca memoria, sólo recuerdo a Roberto Begnini...
      No veo porqué los venecianos debían menospreciar a De Sica, que realiza un trabajo soberbio.

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    6. No es lo mismo. Estás comparado un festival internacional de cine con unos premios que van dirigidos a pelis de lengua inglesa (bastante que dejan participar a los ingleses en lo de los Oscar...pero incluso ellos tienen que montarse sus propios particulares porque saben que lo de la Academia es más que nada Hollywood...Y ya que hablamos de injusticias y premios... A Begnini lo has traído tú, conste.

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    7. "propios premios" o "premios particulares"...por escribir rápido.

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  3. Un texto interesantísimo, amigo Josep. Guionistas italianos que son escritores. Ahí tenemos al gran Cesare Zavattini o a Ennio Flaiano, este último ha sido publicado recientemente en la editorial "errata naturae", su título "Dos noches" que son dos novelas cortas estupendas con una portada maravillosa donde vemos a Marecello Mastroianni y Faye Dunaway en "Amantes" (1968), del maestro Vittorio De Sica, además de un fragmento del otro maestro Federico Fellini alabando en buen hacer de Flaiano. De Flaiano existe un antiguo recopilatorio de relatos titulado "Diario nocturno".

    Il Generale della Rovere me parece una maravillosa película por muchos motivos. Solo añadiré dos, ya lo sabes, para no hacerme pesado. Primero, por la magnífica actuación de De Sica. Segundo, porque eran unos tiempos donde los personajes cinematográficos tenían vida y no como los de ahora que "va por feina", como yo lo digo, es decir, que los personajes son planos y hacen el trabajo que tiene que hacer sin concisiones. Aquí vemos, por ejemplo, que al personaje le gusta mucho el azúcar. Y ya que mencionas al bueno de Jimmy Stewart en "Anatomía de un asesinato", existen unas escenas donde Jimmy, junto con un amigo, se detienen en un puesto callejero a comer huevos duros. No sé si me explico bien, mi querido Josep, pero esos detalles engrandecían a los personajes, los hacían más humanos. Hoy sales del cine y tienes la sensación que los personajes que interpretan los actores son como robots programados para hacer únicamente una cosa. No sabemos nada de ellos, si les gusta leer, si les gusta la música o construir maquetas de aviones... yo qué sé.

    Un fuerte abrazo, amigo mío.

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    1. Tú nunca te haces pesado, amigo Paco. Tienes mucha razón al apuntar la ambivalencia de guionista-escritor que se dió durante una buena época en el cine italiano y también en otros, incluído el español y por supuesto el estadounidense. No hay más que comprobar la riqueza de vocabulario de los diálogos, sin que ello signifique una búsqueda fútil de cultismo vacío de significado.

      Bien sabes tú que en la época dorada del cine podemos hallar grandiosas actuaciones de enormes intérpretes, pero, amigo, esos eran tiempos afortunados para los cómicos porque existían unos señores que además de cultos sabían escribir: sabían construir un personaje y eso sólo se puede hacer a base de esos pequeños detalles, imperceptibles las más de las veces en un primer visionado, que calan en el observador y como ocurre en la vida real, conforman vicios y virtudes, afectos y desafectos, de un personaje, dándole carisma de real.

      No descubro nada si apunto que algunos grandes guionistas preparaban las tramas conformando previamente el currículo vital de cada personaje, sus ascendientes, su familia, sus gustos, sus vicios, sus ambiciones, y luego, empezaban a escribirle las frases. Aunque fuese un secundario con pocas escenas. Por eso algunos actores secundarios nos dejan atónitos.

      Das la puntilla, querido Paco, a lo que vemos en pantalla en estas calendas: casi resulta imposible establecer la empatía con unos personajes de los que nada conocemos, es cierto. En cierto modo, compadezco a los intérpretes actuales, porque aún siendo algunos muy buenos, tienen que apechugar con personajes realmente planos, insulsos, que accionan (actuar es otra cosa) en tramas que, sorprendetemente, son al tiempo inverosímiles y previsibles.

      Un abrazo.

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